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jueves, 2 de abril de 2009

Venezuela NUNCA olvidará a los hermanos Faddoul

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Sus nombres: Jhon Bryan Faddoul, de 17 años, Kevin José Faddoul, de 13 años, Jeason Faddoul, de 12 años y Miguel Rivas, de 30. El 23 de febrero de 2006, en una alcabala “fantasma”, sujetos de la Policía Metropolitana y el hampa común les secuestraron sus vidas. 41 días después, la frialdad y la ambición, les apagaron la luz de sus sueños para siempre.

Los funcionarios de la Policía Metropolitana: Carlos José Rodríguez, Francisco Gudiño, Carlos Enrique Talavera y Maikel Monsalve Sarmiento, junto a el ex miembro del cuerpo policial Miguel Antonio Buelvas Rentería y dos delincuentes de nombres William Alfredo Sosa -alias Negro Papa- y Gabriel Alexander Peñaloza -Bemba o Chande-, tenían meses forjando un plan: Obtener 10.000 millones de bolívares a través del secuestro de los hermanos Faddoul.

Años antes -quizás en una señal que pasó desapercibida-, habían secuestrado al mayor de los hermanos (Jhon Bryan) y sus padres -Gladys Diab y Hanna Faddoul-, tuvieron que dar a sus captores cien millones de bolívares. En medio del terror que siembra la inseguridad venezolana, la familia Faddoul -de origen libanés- decidió refugiarse en Canadá.

Casi doce meses después -sin saber que la historia podía repetirse-, decidieron regresar a tierra venezolana: sus hijos no lograron adaptarse a su nueva vida.

Aquella mañana, como era rutina, su chofer, Miguel Rivas, salió desde su hogar hacia Vista Alegre para buscar a los hermanos Faddoul. Los dejaría en el colegio Nuestra Señora del Valle. En ese instante, Rivas no se percató que funcionarios de la Policía Metropolitana le seguían los pasos y con ellos, la muerte.

Los captores muy “hábilmente”, improvisaron una alcabala policial a las puertas de sector donde residía la familia. Con una señal de alto, hicieron detener el vehículo donde se transportaban los hermanos Faddoul y Rivas. De allí en adelante, sólo ellos y sus secuestradores saben con exactitud qué pasó, todo lo demás son hipótesis, investigaciones, testimonios y recopilaciones de datos que en gran medida, daban la esperanza de que los regresaran con vida.

Según las investigaciones, los delincuentes trasladaron a los rehenes hasta los Valles del Tuy, en un sitio conocido como La Doble Vía. Allí aguardaron a otro grupo delictivo que había sido contratado para colaborar en el secuestro de los hermanos. Su líder, un sujeto conocido como ‘Jairo el Colombiano’.

Junto a la banda de: Yeiber Millar García (El Nene), su hermano Gilbert Marghi, Anexis Yuliam Febres, Alejandro Mendoza (el Papo) y Edgar Ricardo Velásquez (Ricardito); los hermanos Faddoul y Miguel Rivas, fueron trasladados a otro vehículo. ‘El Colombiano’ junto a uno de los policías, logró pasar los peajes que lo conducirían hasta el estado Aragua, a unas pocas horas de la ciudad capital.

Sus padres recibieron la primera llamada y la suma del rescate poco después. Para ese momento, los delincuentes ya estaban a kilómetros de distancia del sector capital. La señal de alerta le indicó a los investigadores policiales que la llamada provenía de la Encrucijada, en el estado Aragua.

Hanna atendió su teléfono y del otro lado escuchó la voz de un hombre con acento colombiano, quien le pidió diez mil millones de bolívares por el rescate. Hanna le informó que era mucho dinero y que no contaba con esa cantidad. -¡Sí lo tienes!- le contestó aquel hombre con seguridad al tiempo que, decía estar al tanto de sus cuentas y bienes materiales -Lo volveré a llamar y espero que me tenga respuesta-, dijo antes de que el teléfono quedara nuevamente en silencio.

El secuestro estaba confirmado. Luego de ser rastreada la llamada, fue enviada una comisión hasta el sitio de origen. Allí fue hallado el vehículo que conducía Miguel Rivas el día del secuestro. Según fuentes de investigación, se trasladó el vehículo sin el debido proceso que conlleva una investigación de ésta naturaleza. Sin duda alguna, luego de la manipulación del mismo, se perderían importantes pistas del crimen.

La fiscal asignada por este caso fue Dizlery Cordero, quien comprobaría que el comando de la Policía Metropolitana no había asignado ninguna alcabala en Vista Alegre el día que se registró el secuestro.

Los hermanos Faddoul fueron trasladados hasta el sector la Raiza, de San Francisco de Yare, un lugar montañoso donde improvisaron un refugio para las víctimas y sus secuestradores. Las condiciones de aquel lugar no estaban aptas para mantener a ningún ser humano, mucho menos para Kevin José, quien sufría parálisis de su lado derecho. Él necesitaba medicamentos y atención especial.

Julia Charte Tovar (La Chiqui) -quien sería después un importante testigo-, fue abordada la mañana siguiente al secuestro por dos sujetos, quienes bajo amenazas, la trasladaron hasta el refugio para que alimentara a los hermanos Faddoul. Tiempo después contaría que ese día al llegar, vio como tenían a los secuestrados en el piso de tierra, esposados y con los ojos vendados.

Recordó que Jhon Bryan Faddoul -el mayor de los hermanos-, en un acto de rechazo o rebeldía, no quería comer y cuando ella intentaba alimentarlo, él lo escupía. Julia Charte, con la amenaza de que su hijo sería asesinado, debió cumplir con este requisito durante los próximos días. Ella en más de una ocasión, sería la persona encargada de alimentar a los hermanos Faddoul mientras estuvieran en cautiverio.

Entre los quince días siguientes, después de reiteradas llamadas que insistían con la suma de dinero, -aún cuando Hanna aseguraba no tenerla-,les fue entregado a la familia Faddoul una fe de vida de sus hijos, en la cual, el mayor de los hermanos -Jhon Bryan- le pedía a sus padres pagar la suma de dinero que exigían sus captores.

“Mamá, papá, ellos no van a aceptar lo que ustedes ofrecen, sino lo que exigen. Negocien rápido para que se acabe rápido ésta situación“, decía el reflejo de un Jhon Bryan angustiado y golpeado por los días interminables de un cautiverio.

Días después Gianni Galaxi -conocido de los Faddoul y quien en reiteradas oportunidades fue el puente de comunicación entre los secuestradores y los familiares-, recibiría una llamada para que le informara a Hanna Faddoul que el monto de rescate bajó a cuatro millardos de bolívares, pero debían entregarlos en los próximos siete días si no, los hermanos Faddoul asumirían las consecuencias.

El 22 de marzo la madre de los niños, Gladys Diab de Faddoul, hizo vibrar los corazones de todos los venezolanos. Sus sentimientos de angustia, dolor y una fe inquebrantable, fueron plasmados en una carta que le dio la vuelta al mundo entero. Aquellas palabras despertaron controversias, y en reiteradas oportunidades fueron consideradas “frías”, sin embargo, quizá la única misión que tenían, era llegar hasta oídos de los secuestradores con aires de compasión y esperanza de vida.

En el libro ‘El asesinato de los hermanos Faddoul’ , el periodista Alexis Rosas -al que debo parte importante de ésta redacción- transcribe aquella carta que en un pequeño fragmento decía: “Ustedes no se imaginan el daño tan grande que produce un secuestro en una familia y, por ende, en una sociedad tan hermosa como la de Venezuela. Bajo el nombre de Dios, y con el nombre de miles de madres en todo el mundo, les quiero decir: los perdono. No soy nadie en este mundo. Todos somos extraños en la tierra de Dios. Sólo Dios y los representantes de Él perdonan. Pero yo soy el mundo para Bryan, Kevin y Jeason, y tengo la suficiente autoridad de perdonarlos”.

Más adelante en la misma carta, Gladys Diab agregó: “Ya ustedes, señores secuestradores, conocen a mis hijos. Saben que no son malos y saben que nacieron para no ser negociados. Si Dios los escogió para finalizar con la misión de esas criaturas, no puedo hacer nada para evitarlo. No soy nadie delante de ustedes ni delante de Dios. Sólo les suplico que lo hagan rápido y mientras ellos duermen; les suplico que les den una foto de cualquier santo para que no se sientan solos. Lo único que puedo hacer de mi parte es rezarle a sus ángeles para que la subida al cielo sea rápida y hermosa”.

Así transcurrieron los días y el primer mes de cautiverio llegó. Paralelamente los rezos, peticiones y gritos de libertad, hacían que temblaran los suelos de Venezuela. Miles de personas salieron a las calles a manifestar su descontento, para exigir la libertad de los tres hermanos y Miguel Rivas. Cientos de jóvenes de diversas universidades del país abandonaron sus aulas de clases y se postraron a las puertas de cada institución para unirse a los gritos de libertad. Venezuela estaba junto a los hermanos Faddoul.

Gladys Diab de Faddoul, que según lo apuntan diversos escritos, era portadora de una fe espiritual sin límites, se sumergió en su religión para buscar un refugio que le ayudara a encontrar la serenidad para aceptar aquello que no podía cambiar. Y así lo reflejó una carta que le escribió al padre Jorge Enrique Flautero el 28 de marzo. Un fragmento de aquella carta con la cual, el periodista Alexis Rosas, decidió dar la bienvenida a las primeras páginas de su libro.

“Padre, camino sobre un sendero tan oscuro que a veces tropiezo y quiero rendirme, pero si me rindo y no me levanto, entonces fallo a la educación que le inculqué a mis hijos desde pequeños: tenemos el derecho de caer y llorar, pero, como cristianos, es una obligación levantarnos, secar nuestras lágrimas y seguir.”

Días después, Hanna Faddoul recibió la llamada de un colombiano identificado como Jaime Suárez o Jhon Jairo, quien le informaba que la suma del rescate había sido reducida a 700 millones de bolívares. Luego de reunir una parte del dinero -500 millones de bolívares-, el hermano de Gladys Diab de Faddoul, José Diad, fue el encargado de entregar la suma del rescate para finalmente ponerle punto final a aquel oscuro capítulo. Sin embargo, la oscuridad apenas comenzaba.

“Llamamos a la División Antiextorsión y Secuestro, al señor Efrén Marín, indicándole que habíamos cerrado el monto por los quinientos millones de bolívares para hacer la entrega”, reseña Alexis Rosas junto al testimonio de José Diab.

Al final de aquel día, por diversas razones, la entrega del dinero y el rescate de los hermanos Faddoul fracasó. José Diab aquel día se trasladó hasta el sitio acordado -más allá de la Universidad Santa María-, seguido por un comando “camuflado” de funcionarios policiales. Jugada que no pasó desapercibida por los delincuentes, quienes se dieron cuenta del cerco policial y abortaron la misión de hacer el cambio.

Según las investigaciones del periodista Alexis Rosas, los funcionarios policiales cometieron infinitas fallas durante el desarrollo del acuerdo con los secuestradores. “El primer fallo de ellos, fue el de comunicarse continuamente con José Diab cerca del lugar de la entrega del dinero, cuando con un simple escáner y un aparato de radio, los secuestradores podrían fácilmente intervenir los celulares y escuchar las conversaciones”, explicó Rosa.

“Otro desacierto fue el de hacer caso omiso al hecho de que José Diab llamaba al secuestrador a un celular Movistar, lo cual les daba la oportunidad de oro de colocar una guardia permanente en la central de esta operadora para ubicar la zona donde actuaba el delincuente”, agregó el periodista.

Errores que sin esperarlo, marcaron el triste desenlace de los hermanos Faddoul. A pesar de que sus padres y familiares estaban dispuestos a pagar el rescate, previos errores policiales y el espíritu intranquilo de los secuestradores fueron algunas de las razones que hicieron fracasar toda esperanza de vida.

Según relata el periodista Alexis Rosas, Julia Charte Tovar (La Chiqui) fue quien le relató a las autoridades el día en que, después de la última comunicación de ‘el Colombiano’ con la familia Faddoul, en un arrebato de ira, diera la orden de acabar con la vida de los menores.

Fuentes le confirmaron al periodista Alexis Rosas que la señora Diab recibió una llamada del secuestrador quien le pidió -tras el fracaso del rescate-, que ella se encargara de pagar el rescate o sus hijos morirían. “Ella le respondió que su religión le impedía negociar a sus hijos porque éstos no tenían precio, y entonces el secuestrador cortó abruptamente la conversación”.

La Chiqui, por su parte, cuenta que paralelamente, el primero de abril, cumplió con su orden amenazante de alimentar a los hermanos Faddoul. Estando en el lugar del cautiverio y luego de haberles dado de comer el mismo arroz y atún de casi siempre, los gritos de ‘el Colombiano’ dieron la orden de sacarla de allí. Y entre Alexis, el ‘Nene’ y el ‘Colombiano’ nació una fuerte discusión.

“Su mamá es una maldita árabe, no quiere dar real, los entregó. ¿Saben qué dijo? Que su religión no le permitía dar dinero, pero que de todas maneras le pusieran una estampita cuando los matara”, decía con ira ‘el Colombiano’. Acto seguido sentenció la vida de los hermanos Faddoul: ¡Mátenlos!

La Chiqui -según declaró- en medio del matorral escuchó el primer disparo. Fue dirigido al mayor de los hermanos -Jhon Bryan-, al tiempo que el segundo de los hermanos pedía clemencia por su vida. El señor Miguel Rivas se alzó en un gesto de protección y recibió sin contemplación el segundo disparo.

Acto seguido, al Alexis no haber tenido el valor de matar a los dos hermanos menores, el ‘Nene’ tomó la escopeta y disparó sin dudar a quemarropa sobre los cuerpos arrodillados de Kevin José Faddoul y a Jeason Faddoul. Julia Charte Tovar (La Chiqui) paralizada por el terror, logró refugiarse y caminar hasta conseguir un vehículo que la aislara del sector.

Los cuerpos fueron conseguidos días después. Los cuatro presentaron disparos a quemarropa sobre la cabeza. Las investigaciones lograron capturar a la mayoría de los implicados, sin embargo, el paradero de ‘el Colombiano’ aún es incierto, puesto que logró burlar a las autoridades policiales.

Éste caso, junto al caso de Kennedy -donde murieron jóvenes universitarios a manos de funcionarios de la DIM-, el asesinato del empresario Felipe Sindoni y otros tantos que día tras día no llegan a los medios de comunicación, son la clara demostración del cáncer que está consumiendo a los cuerpos de seguridad del país. En todos estos casos, estuvieron involucrados funcionarios policiales que tendrían el deber de proteger y salvaguardar la vida de los venezolanos, pero que en un caso paradójico, actualmente son más temidos que los propios delincuentes. Luego de estos hechos, el entonces ministro del P.P. para Interior y Justicia, Jesse Chacón, se comprometió a “depurar” las policías del país, para desarrollar instituciones y oficiales dignos de llevar un uniforme de seguridad nacional. Un compromiso que no debe quedar en el olvido.

Los padres de los hermanos Faddoul y millones de venezolanos piden no olvidar éste caso que hoy, cumple en el recuerdo tres años de haber terminado con las ilusiones de una familia. La petición de Gladys Diab días después de la muerte de sus hijos, a través del programa “La Entrevista” de RCTV fue clara: “No lloren más la muerte de Jason, ni de Bryan, ni de Kevin; ellos están viviendo libres, alegrémonos por su resurrección. Yo lloré la sangre de mis amores, pero ahora no tengo miedo. Éste es el inicio de una Venezuela que todos queremos. Queremos una Venezulea unida, sin distinción de credo, raza, posición social o política”.

Venezuela no olvidará a los hermanos Faddoul, pero tampoco se debe olvidar que día tras día, hay más hermanos que como ellos, mueren a manos del hampa en las zonas rurales del país. Los venezolanos también claman justicia, paz y la posibilidad de vivir una vida digna, sin que la muerte siga sus pasos en cada amanecer.

Iralyn Valera - Noticias 24.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cada vez que veo u oigo al asesino de Hugo Chávez no se me olvida nada de lo que les sucedió a los hermanos Faddoul, de como el 04 de febrero de 1992 y el 27 de noviembre de ese mismo año fueron degolladas, tiroteadas, violadas, heridas, pisoteadas, en fin, de como sufrieron miles de personas tras esas intentonas golpistas, de como Chávez quería asesinar al Presidente Carlos Andrés Pérez, de como mandó atacar La Casona para matar a Doña Blanca Rodríguez de Pérez y a las hijas del Presidente... Así como lo hicieron a los hermanos Faddoul. NUNCA PODRÉ OLVIDAR LOS ASESINATOS de Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta, Hernán Grüber Odremán, Luis Enrique Cabrera Aguirre, Francisco Visconti Osorio, Raúl Isaias Baduel, Luis Felipe Acosta Carlez, entre otros...

Anónimo dijo...

Alias Guasipati ha sido señalado por el ex magistrado Luis Velázquez Alvaray, de ser el autor intelectual del asesinato de los niños Faddoul y de su chofer Miguel Rivas.

El secuestro y posterior asesinato de los niños Faddoul, se debió, supuestamente, a un intento de extorsión por asuntos relacionados con deudas con las oficinas de impuestos venezolana (Seniat).

Alias Guasipati es actualmente jefe de la circunscripción militar de Guayana y participó en el sangriento golpe de Estado de 1992, además, es hombre de confianza de Hugo Chávez.

http://aserne.blogspot.de/2012/05/video-supuesto-asesino-de-nins-faddoul.html

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