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viernes, 16 de marzo de 2007

Renny Ottolina, boxeador...


Primer round
El bautizo del muchacho no fue una cuña o la presentación de un artista. Larguirucho y nervioso, lo habían mandado ante el micrófono -durante un acto en el Liceo Andrés Bello- para informar que un carro estaba mal estacionado. Conmovido por la fuerza de su voz, el músico Luis Alfonso Larrain se acercó a ese adolescente con lentes de intelectual y le ofreció trabajo en la recién creada Radio Caracas Televisión. Su vida, hasta entonces, era tal que hasta una carta de suicidio había escrito. "El primer hippie que tuvo Caracas fui yo", le contó después a Margarita D'Amico. "El primero que anduvo aquí en blue jean pegado era yo. Llevaba el pelo largo, tenía 16 años y me decían marico". Pero un solo derechazo al destino en una mañana de verbena y Renaldo José Ottolina Pinto se encaminó hacia el panteón de las deidades televisivas.

Segundo round
Agotar al oponente, moverse rápido y producir golpe tras golpe, tras golpe... así se adueñó Renny Ottolina del cuadrilátero. Leía comerciales en Televisa y RCTV, escribía guiones y narraba cuñas y micros en Bolívar Films. A los 26 años de edad, el canal 2 le encargó la entonces insólita tarea de arrancar de la cama a la teleaudiencia con un desayuno de chistes, entrevistas, música e ingenio bautizado como Lo de Hoy. Cuatro años después, le cedieron una hora y media en la tarde-noche para El Show de Renny, que pasó al mediodía cuando Víctor Saume -otro grande de la pantalla- se fue a animar en el más allá. Así, la recatada televisión criolla abrió sus puertas a novedades como los jingles, los cuerpos de baile, los encuadres inéditos y los artistas peso pesado como Tom Jones, Charles Aznavour, Miriam Makeeba y Marcel Marceau.

Tercer round
Entre asalto y asalto, el púgil debe reponer energías. Por eso, Renny tomaba vacaciones cada par de años en Europa y Estados Unidos. Allá conjugaba el descanso y el turismo con el aprendizaje de las nuevas técnicas audiovisuales. Por ejemplo, en Londres vio cómo una grúa dotaba de alas al lente televisivo. A su regreso, no descansó hasta que el público venezolano también pudo volar. Sus colegas lo recuerdan por ese espíritu: "Renny nos ha acostumbrado a pensar que la televisión siempre requiere innovaciones", señaló Tinedo Guía. Para Iván Loscher, "él nos educó estéticamente". Según Perucho Conde, "sentó cátedra en animación". Asimismo, los halagos han sido recurrentes en boca de varios venezolanos que él impulsó al estrellato, como María Teresa Chacín, Mirla Castellanos, Joselo, Mirtha Pérez, Nancy Ramos y Raquel Castaños.

Cuarto round
A pesar de todo, los estudios de audiencia lograron arrinconarlo en el ring. Aunque los anunciantes se ponían en cola por él, sólo una minoría del Este caraqueño encendía el televisor para verlo. El animador se tomaba esto con cierta soberbia. "Antes que el público, me intereso yo", le explicó a Yolanda Herrera. "La gente que trabaja en función del público es un rolo de hipócrita". Nunca quedó claro si su salida de RCTV, en 1971, fue consecuencia de la dictadura del rating; del hecho de que su tajada en la torta publicitaria era mayor que la del canal o de supuestos roces con un alto ejecutivo cuando éste era un jovencito. En Cadena Venezolana de Televisión -entonces privada- sólo duró dos años y poco después afirmó: "Estoy harto de los canales, de sus pequeñeces y necesidades. Estoy muy viejo para tratar con gente necia".

Quinto round
El exilio de Ottolina no dejó la pantalla cubierta por la ruidosa arena gris del vacío. Al contrario, la televisión venezolana ya era prolífica en espacios que ofrecían música, concursos, humor y conversación. Además del jacarandoso y campechano Saume y su gran Show de las Doce, triunfaron animadores como Winston Vallenilla (y después Napoleón Bravo) con Ritmo y Juventud; Henry Altuve con La Feria de la Alegría; Gilberto Correa con De Fiesta con Venevisión y El Show del Pueblo; Néstor Zavarce con La Batalla de los Sexos; el Musiú Lacavalerie con El Batazo de la Suerte y Compre la Orquesta; y Richard Hernández con El Show de Richard Herd. Las enumeraciones siempre plantean el peligro de la omisión, así que conviene advertir que otros presentadores y programas abundaron. Sin embargo, sus fórmulas fueron casi siempre las mismas.

Sexto round
Desde el ring side, Renny veía a su profesión hundirse en un pozo de mediocridad. "Encuentro a la televisión venezolana culpable de ignorar la dignidad de los habitantes de nuestro país", escribió en la revista Semana. "La encuentro culpable de desidia en su programación y de pecar de ligereza en cuanto a la responsabilidad que implica su tremendo poder. Responsables por igual de esta situación: los patrocinantes, las agencias de publicidad y las estaciones de televisión". Mientras tanto, él se dedicó a negocios tan variados como las fábricas de cemento y la construcción de complejos turísticos. Su fracaso en el cine fue una decepción para sus seguidores, pero hubo un área que no abandonó y que le permitió multiplicar su fortuna y permanecer en el tapete: la publicidad. Entre atún, cigarrillos y chocolate, siguió inolvidable.

Séptimo round
Hace 25 siglos Heráclito de Éfeso dijo que el hombre -como el río- es mutable. Quizás ésa es la explicación de por qué Ottolina, tras jurar y jurar que no lo haría, se rindió ante las fauces de la política. "El país no necesita de gente de Acción Democrática, ni de Copei, ni del MAS", dijo al anunciar que vencería a Luis Herrera Campins en las elecciones generales de 1978. Alrededor de su llamado a acabar con la partidocracia y la carnetocracia se creó el Movimiento de Integridad Nacional (MIN), cuyo símbolo fue los lentes de pasta del presentador. Desde el espacio Renny En Su Radio, transmitido por el Circuito Capital, dio clases de antipolítica. Sus críticas contra el Consejo Supremo Electoral llevaron a que el programa fuera suspendido, lo que encendió un debate sobre el irrespeto de su derecho constitucional al trabajo.

Octavo y último round
Al desintegrarse contra un cerro la avioneta en que viajaba, se perdió la posibilidad de saber hasta dónde hubiera llegado Renny Ottolina. El 16 de marzo de 1978 terminó su historia. Se habló de sabotaje y algún dedo señaló a los partidos y al Gobierno. El MIN trajo a un experto desde Estados Unidos y lo despidió cuando apoyó la conclusión del Ministerio de Transporte y Comunicaciones: fue una falla humana. Sepultado el tema (y Renny), el país comenzó a darse cuenta de cuán importante había sido este hombre y entonces sólo quedó extrañarlo. Fue más fácil, además, pues enterrados quedaban también los guantes con los que el irreverente había golpeado a media Venezuela. Habrá quien piense que él perdió por knock out. Habrá quien piense que la gente como él no pierde ni tira la toalla, sino que pasa a competir a otro nivel.


-Texto original de Reinaldo Trombetta.

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